miércoles, 6 de febrero de 2013


Una de las voces que como es mi caso se hace eco de la putrefacción sistémica que sufre España es Julio Anguita, exsecretario de IU. Aunque no es el único, ni ésta idea es exclusiva de la izquierda. Ahí os dejo la noticia.


Anguita pide a los españoles que se rebelen y pongan fin al actual sistema democrático

Julio Anguita, excoordinador federal de IU, exsecretario general del PCE e impulsor del Frente Cívico Somos Mayoría, hizo hoy un “llamamiento a lo Ghandi” para que los españoles se rebelen pacíficamente en las calles y pongan fin al actual sistema democrático, minado sistémicamente por la corrupción.

En declaraciones a Servimedia, Julio Anguita manifestó que pedir la dimisión del presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, tanto por el escándalo del “caso Bárcenas” y que se convoquen nuevas elecciones no va a servir de nada si antes no hay una “movilización popular”.

A su juicio, es la transición de 1975 “lo que ha traído esto” a España, que necesita una “ruptura democrática”, dejar atrás el actual modelo por estar agotado y enfermo de una corrupción sistémica que afecta a los tres poderes del Estado.

Para Julio Anguita, celebrar nuevas elecciones ahora, sin una movilización popular que lleve a la reflexión sobre el cambio de sistema, es “desviar la atención” sobre el problema de fondo, y es que “hoy España no es un Estado de derecho” y que la Constitución “está siendo violada” una y otra vez.

Para este exdirigente de IU, sólo con la fuerza del pueblo unido en las calles podrá haber un cambio en el sistema y exigir que la justicia se cumpla y dar paso, “poco a poco”, a la III República Española.

En la página de Frente Cívico Somos Mayoría en la red social Facebook, Anguita explica que quiere una “reforma democrática basada en proyectos que estén dentro de la ley y que se impongan democráticamente”. “Hoy, cumplir la constitución es revolucionario”, añade.

En su página web (http://www.frentecivicosomosmayoria.es) este movimiento señala que “España está instalada en un estado de decepción, en lo económico, lo social, lo político y lo moral”. “No vivimos en la normalidad de una sociedad sana”, afirma.

Además, afirma que “la ciudadanía organizada es un poder” que “puede ganar”. Para este movimiento, “una mayoría ciudadana organizada en torno a soluciones concretas es capaz de crear la fuerza necesaria para colocarla en la balanza del poder en contraposición a otros poderes económicos, y sociales que siendo muy minoritarios, detentan en exclusiva el ejercicio del Poder.

martes, 5 de febrero de 2013

Tú y yo...también somos complices de Barcenas.

Hace unos días me preguntaba qué era la democracia, no hallé respuesta. Tal vez porque como miles de conciudadanos no creemos en la honestidad de nuestros políticos. Nadie está seguro de que en su ayuntamiento, diputación, comunidad o desde el estado alguien esté ROBANDO con mayúsculas al pueblo. Pues no sólo roba dinero, sino la razón de ser de este sistema. Un sistema que se basa en la confianza de los ciudadanos en otros ciudadanos, en los que deposita la dura y estricta labor de realizar una gestión que tiene como objetivo el bien común. Este objetivo más que nos pese a los demócratas convencidos no se ha cumplido. El sistema está en crisis, no es que como todos sabemos haya una crisis económica, sino que el sistema en sí mismo también lo está. Y es así porque ya no podemos creer en él. Necesita de una gran reforma, que debería ir desde lo más profundo y eso incluye al ciudadano. Debemos cambiar nuestra mentalidad y creer que es nuestra obligación participar en la gestión de nuestros destinos, debe haber una implicación política, que no debe ir forzosamente de la mano de ningún partido, puesto que nos preocupe la política no quiere decir que seamos partidistas, yo al menos creo que no lo soy. No creo en las mega-formaciones políticas, creo en la diversidad de pensamiento, no existe una verdad absoluta a la que podamos adherirnos sin miramientos, ya en el anterior artículo hablé de secta, y es lo que me parecen muchos de los afiliados a los partidos, incapaces de hacer crítica sobre ellos mismos y no sólo sobre otros partidos. El ciudadano a través de la movilización pacifica y constante debe exigir una fuerte reforma y comprometerse, a su vez, a ser partícipe directo de la democracia, no vale, "ir cada uno a lo suyo" o "yo lo que quiero es mi casita, mi trabajo y ya está" esa es una actitud pasiva desconcertante. El culpable de los ERES irregulares, la trama Gürtel, el caso Barcenas...etc no es otro que el ciudadano, que no ha sido activo, con una ciudadanía activa, Rajoy, Rubalcaba, Blanco, Barcenas y compañía estarían ya entre rejas, pero estimo que nuestra pasividad ha sido complice.



Pero la crisis es más profunda que la que atañe a lo político, incluye lo jurídico, lo educacional y finalmente es una crisis de valores. En este país quien no se aprovecha de su estatus o su posición parece "tonto", cuando necesariamente debe ser al contrario algo reprochable. Son los niños los que deben aprender, porque sus familias, amigos y educadores así se lo inculquen, que el trabajo es algo por que hay que luchar, un trabajo digno y bien ejecutado, y exigir lo mismo a todos, desde el político, al funcionario o al pescador. Debe entender la tolerancia y tener por objeto en la vida aprender cada día algo nuevo. Deben de ser enseñados para pensar, no para memorizar. Ese es el problema de este país, no hay una masa suficientemente crítica y activa, como para ejecutar judicialmente a todo aquél que va en contra de la libertad, la honradez, la justicia y el bien común, incluyendo a los menos. De lo contrario tú y yo seremos complices de Barcenas.




martes, 22 de enero de 2013


Democracia de calidad frente a la crisis


 [El País] Victoria Camps / Adela Cortina / José Luis García Delgado. Un gran número de españoles está viviendo la crisis actual como un auténtico fracaso del país en su conjunto. Hace ya más de tres décadas emprendimos una transición política y social que, con sus luces y sombras, como todo en este mundo, se ha convertido en una auténtica referencia para algunos países deseosos de dar el paso de la dictadura a la democracia. El poder político pasó paulatinamente de un partido de centro a partidos de centro-izquierda y centro-derecha, sin más ruido de sables que el del 23-F y sin más mecanismo que el de instituciones políticas y elecciones libres y bien reguladas. Se transformaron las infraestructuras, se modernizaron los medios de comunicación, aumentó el número de estudiantes universitarios, ingresamos en la Unión Europea, construimos un razonable Estado de justicia,creímos haber alcanzado la velocidad de crucero propia de países democráticos, no solo en política y economía, sino también, y sobre todo, en cultura. La disposición al diálogo, el espíritu abierto y tolerante parecían haber sustituido los viejos estilos de vida en una sociedad pluralista.
Pero en 2007 estalló en el nivel global y local esa crisis que había venido gestándose, una crisis que parece ser sobre todo económico-financiera y política, y descubrimos que el rey estaba en buena parte desnudo. Que, por desgracia, nos queda mucho camino por andar.
Para recorrer con bien ese camino importa preguntar qué nos ha pasado, qué ha fallado, y un punto esencial es que no se trata solo de una crisis económica y política, sino también de una crisis ética, que pone de manifiesto las carencias de espíritu cívico. En los últimos años, nos ha faltado un marco ético efectivo, capaz de estimular la responsabilidad social y un buen uso de la libertad.
Con el deseo de aportar algunas sugerencias para la elaboración de ese marco, el Círculo Cívico de Opinión dedica el sexto de los Documentos que ha publicado al tema Democracia de calidad: valores cívicos frente a la crisis, y en él apunta a modo de ejemplo medidas como las siguientes:
Perseguir un bien común. En una democracia que es, a su vez, un Estado de derecho, es preciso perseguir un bien común que amplíe el horizonte de los intereses individuales como los únicos fines de la actividad económica y política. Por legítimos que sean los intereses privados, las instituciones y los ciudadanos se deben también a unos intereses comunes.
La equidad como fin. Sostener la equidad y mejorarla debería ser el principio irrenunciable de un Estado de derecho. En muy poco tiempo, España consiguió poner en pie un Estado de bienestar homologable con el resto de los países de nuestro entorno. Pero el modelo es frágil y no podrá sostenerse si no va acompañado de la voluntad de preservarlo por encima de todo. Hay que repensar el modelo con serenidad y con voluntad de conseguir acuerdos lo más amplios posibles.
Debe cambiar el orden de los valores. Los años de bonanza económica pasados han propiciado una cultura de la irresponsabilidad y del dinero fácil, que ha traído consigo corrupción, evasión de impuestos y un consumismo voraz. Si algo puede enseñar la crisis es que debe cambiar la jerarquía de valores transformando las formas de vida, entendiendo que el bienestar no se nutre solo de bienes materiales y consumibles. Formas de vida que fortalezcan cultural y espiritualmente al individuo y a la sociedad con valores como la solidaridad, la cooperación, la pasión por el saber, el autodominio, la austeridad, la previsión o el trabajo bien hecho.
Decir la verdad. La costumbre de ocultar la verdad por parte de políticos y controladores de la economía de distintos niveles ha sido responsable de la crisis en buena medida. Pero esa costumbre se ha extendido también entre intelectuales y otros agentes de la vida pública, plegados a lo políticamente correcto, sea de un signo o de otro. Entre la incompetencia y la ocultación saber qué pasa y anticipar con probabilidad qué puede pasar es imposible para la gente de a pie.
Cultura de la ejemplaridad. Los protagonistas visibles de la vida pública tienen un deber de ejemplaridad, coherente con los valores que dan sentido a las sociedades democráticas. La corrupción, la malversación de bienes públicos, el despilfarro, el desinterés por el sufrimiento de quienes padecen las consecuencias de la crisis, la asignación de sueldos, indemnizaciones y retiros desmesurados producen indignación en ocasiones, pero también modelos que se van copiando con resultados desastrosos.
Rechazar lo inadmisible. Para que una sociedad funcione bien es necesario que las leyes sean claras y que se apliquen, pero también que la ciudadanía rechace las conductas inaceptables. Es verdad que hay que ir con mucho cuidado con eso que se ha llamado la “vergüenza social” y que es una de las formas que tiene una sociedad para desactivar actuaciones que considera reprobables. Esa vergüenza ha causado tanto daño y es tan manipulable, la utilizan tan a menudo unos grupos para desacreditar a otros, que solo puede recurrirse a ella como una cultura, vivida por todos los grupos sociales, de que determinadas conductas no pueden darse por buenas.
Potenciar el esfuerzo. Lo que vale cuesta. Dar a entender que se pueden alcanzar las metas vitales sin trabajo alguno es engañar, condenar a las gentes a ser carne de fracaso y destruir un país. Aprender, por el contrario, que esfuerzo y ocio son dos caras del buen vivir, que ayudan a construir un buen presente y un buen futuro.
Superar la partidización de la vida pública. La partidización de la vida pública es uno de los lastres de nuestra política, que impide agregar voluntades para encontrar salidas efectivas y consensuadas a los problemas que nos agobian. Cuando ante cada uno de los problemas públicos la sociedad se divide siguiendo los argumentarios de los partidos políticos se destruyen la cohesión social y la amistad cívica indispensables para llevar una sociedad adelante.
El sentido de la profesionalidad. La profesionalidad, en todos sus ámbitos de ejercicio, es un valor que no debe medirse solo por la eficiencia y la competencia científica y técnica, siendo ambos valores altamente encomiables. Ser un buen profesional significa incorporar también ideales que hagan de las distintas profesiones un servicio a la sociedad y al interés común. Es buena la gestión estimulada no solo por la obtención de beneficios materiales, sino por un espíritu cívico y de servicio.
Promover la educación. El mejor instrumento de que disponemos para conseguir una sociedad mejor y cambiar el orden de los valores es la educación, entendida como formación de la personalidad y como una tarea de la sociedad en su conjunto. El ideal de autenticidad debe poder conjugarse con los valores propios de la vida democrática.
Recuperar el prestigio. Ni las instituciones ni las personas que ostentan los cargos de mayor responsabilidad han sabido ganarse la reputación y el prestigio imprescindibles para merecer confianza y credibilidad por parte de la ciudadanía. Además del déficit notable de ideas para gestionar y resolver la crisis, se echa de menos un liderazgo compartido por el conjunto de grupos políticos, que actúe con valentía y con prudencia, que corrija los despilfarros de otros tiempos, que sepa discernir la gravedad de cada problema y que tenga visión de futuro y no atienda únicamente al corto plazo.
Construir un marco de valores comunes. Es urgente construir un suelo de valores compartidos, fortalecer los recursos morales que surgen de las buenas prácticas porque solo así se generará confianza. Pero también crear espacios de deliberación que hagan posible construir pueblo, y no masa, que fortalezcan la intersubjetividad y no se disgreguen en la suma de subjetividades. Generar pueblo y sociedad civil tanto en España como en Europa, donde somos y donde queremos estar, es uno de los retos, porque tal vez sea esta una de las claves del fracaso de Europa: no haber intentado reforzar la conciencia de ciudadanía europea, la Europa de los ciudadanos, esa pieza que resulta indispensable para que sean posibles tanto la Europa económica como la política.
Victoria Camps, Adela Cortina y José Luis García Delgado, en representación del Círculo Cívico de Opinión.

Democracia.

Para cuándo queda levantar la mano.

Era un niño cuando mi profesora de Historia se paraba con detalle a explicar una forma de entender el ente político, una forma que buscaba la voz de los menos, la voz de los reprimidos por la sociedad. Era además un modelo de representación directa, donde los representantes eran elegidos y podían perder su condición de igual modo. Aquella forma de ver la realidad era antiquísima y estaba casi olvidada salvo por eruditos que durante milenios la habían conservado. Resultaba raro para aquél niño entender que esa forma tan hermosa de cultura política hubiera estado tantos años encerrada en alguna estantería polvorienta de algún convento o universidad. Después de aquel día que nos hablaron de la legislatura popular, de la voz del pueblo, dedicamos el curso completo a entender las miserias que los sucesivos reyes, señores feudales y dictadores hicieron pasar a sus respectivos pueblos. Las miserias del hambre, la sed, el frío o la enfermedad, pero también las que tienen que ver con aquello que de algún modo nos hace diferentes a otros seres vivos, nuestra inteligencia y razón social. Nuestros antepasados eran denigrados, violados, encerrados, maltratados y obligados a encerrarse en un mundo oscuro, donde la única vía de escape era pasar a la otra acera, y como el poderoso de turno ser vil, cobarde, malvado, cruel, ambicioso y sin escrúpulos. Maquiavelo enseñaba a ser un príncipe de aquellos, a atemorizar a la población, a ser rebuscado y no mirar atrás. Yo en clase miraba por la ventana y me imaginaba en aquella época, trabajando de sol a sol por poco más que la miseria de poder seguir viviendo, engañado por la fantasía de tener algún día una vida mejor, aunque fuera tras la muerte. Engañado por la imagen de reyes misericordiosos o por la grandeza de un reino, creyendo que era parte del mismo. Nos contaban las alianzas entre coronas para tomar fuerza. Había reyes que ni tan siquiera conocían el idioma, Carlos III, por ejemplo, y que los gobernantes estaban tan alejados del pueblo que no conocían ni siquiera las miserias en muchos casos. Entonces la gente se agarraba a los pregones más o menos organizados y orquestados que la iglesia hacía para evadirse de ése su maldito mundo y volar con la imaginación y según algunos la fe a otro lugar. Se atrevían a hacer cruzadas y matar moros, moriscos, judíos, indígenas y todo aquel que se presentara sin un cruz. Era también poderosa aquella institución, gobernaban la necesidad que tenemos de ser felices (además del poder en la misma tierra). 

Al final del curso hicieron un inciso en aquella primera clase que tuvimos para explicar que España era un Monarquía Parlamentaria, que pertenecía a la Unión Europea que estaba bajo un sistema económico llamado Capitalismo, que era laica y que estábamos en democracia.

Yo que era un niño me lo creí a pies juntillas, no tenía dudas y no se me ocurrió preguntar. Hoy no entiendo todo esto de la transición ejemplar. Para ver si me aclaraba un poco me dije, voy a ir por partes y busqué democracia en el diccionario y dice tal que así "Predominio del pueblo en el gobierno político de un Estado" , o bien, "Doctrina política favorable a la intervención del pueblo en el gobierno". Pero resulta ser que hay un rey no electo, que según donde vivas tu voz tiene más o menos peso porque existe una ley que llaman electoral que intenta salvaguardar la democracia, pero otorga de base más poder a unos que a otros, que casi no hay elección entre los representantes porque siempre gobiernan los mismos partidos, o lea se sectas políticas, y que encima no puedes elegirlos directamente porque aparecen en algo que llaman listas cerradas. Además el gobierno reprime a los menos, a los que no creen en un cierto dios, ya que les da privilegios y enseñan sus creencias a costa del impuesto de todos. Impuestos que se utilizan en el mayor de los casos sin estar claros sus destinos, amén de que no es posible que el miserable ciudadano de a pie pueda decir nada o decirlo mediante miles de trabas burocráticas y plazos. Además esos señores eligen su sueldo, sus vasallos o como los llaman ahora asesores y hasta sus caballos, quiero decir coches.
Y resulta que somos parte de una Unión que es gobernada por no sé que mercados y que no importan las leyes porque hay que satisfacerlos, saltándose si es preciso lo que al pueblo dejaron elegir y que no importa que el ciudadano viva para trabajar, para consumir y poder llegar al estado del Bienestar, o al paraíso celestial como quieran llamarlo.

Yo no sé ustedes señores pero ahora que soy mayor creo no entiendo aquella lección de la Democracia y quizás sea hora de levantar la mano y preguntar si al coger aquel libro no se equivocaron de cajón.


MCA.


jueves, 20 de diciembre de 2012

12 años sin Carlos Cano, poeta y músico andaluz. El último gran genio de la tierra de sordos sonidos árabes, de la pandereta, el labriego y el señor...de la verde, blanca y verde... la tierra del talento, la alegría y el quejío. Por un sabor sabio... lejano de folkloricas, peinetas y "gitanos apaleaos"... por el arte y la intelectualidad, tomemos una dosis de Carlos Cano. MCA





http://www.youtube.com/watch?v=kbSZAwqL_h8
Con todos vosotros, Bob Dylan.





http://www.fernandomerinero.com/lashuellasdedylan/descargas.html
http://www.youtube.com/watch?v=UnwDkRXID00

miércoles, 19 de diciembre de 2012

El fin del mundo está a punto de llegar.
Eso es lo que dicen muchos, como es obvio algún día acertarán, pero las razones que han dado a lo largo de los años son como poco curiosas. La última hace referencia al calendario Maya, cultura olvidada y destrozada por la vil cruzada cristiana de nuestros antepasados. Guerra de religiones y de creencias que acabó con la marginación  de todo un pueblo y una cultura. Ahora se repesca, a fin de unos cuantos, entre chalados y aprovechados, que juegan como ha jugado siempre el ente religioso con el fin de nuestros días, con la muerte. Véase sino el lugar que ocupa en todas y cada unas de las religiones del mundo, en las politeístas con la presencia de un dios asociadas a la misma y en las monoteístas como un proceso de vida eterna o reencarnación.


El calendario maya, la pasión por la hecatombe y el fin del sentido común

Las ansias apocalípticas se renuevan en base a una predicción astronómica del siglo VII

El espectáculo oculta la marginación económica, social y cultural de un pueblo milenario


Dos turistas alemanas meten dinero en el casco de un actor-maya. / P. P. (AFP)

“Señora”. La señora no escucha. “Señora, disculpe”. Ahora la señora escucha y deja de mirar su cubo de agua sucia. María Bautista tiene los ojos saltones y viste de uniforme, con una camisa holgada que le cuelga hasta los muslos como a un muchacho rapero. Es una empleada de la limpieza del metro de la ciudad de México. El vagón aún no ha llegado. Estamos a 17 de diciembre. “¿Usted qué opina de lo del fin del mundo?”. La señora responde: “Pues mire, yo creo que ahoritita estamos aquí y al ratito quién sabe, eso depende del Señor”. La empleada de la limpieza, de pie con una fregona, no se cree la profecía apocalíptica de los mayas. “Ellos que digan lo que quieran”, dice en contra de la civilización que inventó el número cero, “pero el de arriba es el que lo sabe todo. Como dice el dicho, el árbol no se mueve si no es por la voluntad de Dios”. El metro ha llegado. María Bautista se queda fregando el andén.
Dos inscripciones iconográficas de los antiguos mayas han despertado de nuevo las ansias de los adoradores del cataclismo universal. Una se labró en el siglo VII en el Monumento 6 de Tortuguero, en el Estado mexicano de Tabasco. Y otra en La Corona, Guatemala. En las dos está señalado el 21 de diciembre de 2012 como un fin de ciclo que los apocalípticos ven como el día del Armagedón y los estudiosos de los glifos mayas como un simple cambio de época anunciado por un pueblo que jamás concibió la idea de un gran estropicio planetario. En el código maya ese día se cumple el decimotercer b’aktun —término que para ellos demarcaba periodos de 394 años— y se completa un círculo astronómico que comenzó en el 3114 antes de Cristo y que ahora se cierra para dar paso a otra era de su calendario.
Pero las explicaciones científicas no han calmado a los fatalistas, que se han animado a anunciar toda clase de catástrofes para el día 21. Un cometa se empotrará en la Tierra. No, la abrasará una tormenta solar. Será un extraordinario terremoto el que lo quiebre todo de una vez por todas. O una inversión de los polos magnéticos del planeta. Y si no, será un rayo sincronizador proveniente del centro de la galaxia el que nos convierta en polvo interestelar. La NASA ha recibido miles de mensajes de ciudadanos preocupados. Pese a que se trata de temores individuales, no de pánico colectivo, ha hecho una declaración negando todos los terroríficos supuestos de los intérpretes esotéricos. “El 21 de diciembre no será el fin del mundo como lo conocemos”, ha sentenciado la agencia espacial estadounidense. Es decir: esto no se acaba. El árbol no se mueve si no lo avisa la NASA.

El 21 de diciembre de 2012 está señalado como fin de ciclo en inscripciones mayas
“Los mayas no creían en el fin del mundo”, reflexiona el investigador Dirk van Tuerenhout, comisario de una muestra sobre las profecías mayasinaugurada recientemente en el Museo de Ciencias Naturales de Houston. “Esta idea viene del mundo occidental. Somos nosotros los que estamos obsesionados con la idea del apocalipsis”. El ensayista mexicano Ignacio Padilla, que ha publicado este año La industria del fin del mundo (Taurus), también considera que estos miedos son un producto de tradición occidental actualizado por neuras contemporáneas. “Nuestra cultura y nuestros días son tan sensibles al milenarismo que basta combinar un par de locos con la seudociencia para encender la llama apocalíptica”. Él cree que “la revolución cibernética” ha sido un acicate para la difusión de absurdos. Padilla afirma que Internet ha creado “una anemia crítica y un titubeo de los métodos de verificación histórica”, “un pandemonio óptimo para el florecimiento desordenado del miedo”. En su obra, afirma que la subcultura del fin del mundo es de raíz judeocristiana y se asienta sobre el Apocalipsis de Juan de Patmos, un texto antiguo que en su día fue calificado por el dramaturgo Bernard Shaw como “un curioso registro de las visiones de un drogadicto”.


Un sacerdote maya ofrece agua a los dioses en un pueblo de Yucatán. / L. P. (AFP)
Entre los continuadores modernos de las elucubraciones de Juan de Patmos está un mexicano-estadounidense llamado José Argüelles, que falleció en 2011. Fue la cabeza de una cosa autodenominada Movimiento Sincronario de las 13 Lunas. En un reportaje publicado por la revista mexicana Gatopardo se cuenta que Argüelles era un hijo del hippismo con un cociente intelectual de “genio” -convenientemente sazonado con ácido lisérgico en sus años mozos-  y que definía su estilo como “maya galáctico”. Su libro El factor maya(1987), traducido a una docena de idiomas y leído en 90 países, ha sido una referencia en la interpretación deformada de las proyecciones astronómicas de la antigua civilización mesoamericana. Enrique Serna,columnista del diario mexicano El Universal, se remonta más atrás y señala que la “charlatanería” viene de las ideas de un gurú suizo llamado Erich von Däniken. “Él sostuvo que los mayas habían alcanzado una sorprendente sabiduría matemática y astronómica gracias a la influencia de los extraterrestres, una idea bastante racista en el fondo, pues demeritaba la capacidad intelectual de los viejos sacerdotes”.

La NASA tranquiliza ante predicciones fatalistas: “No será el fin del mundo”
Con todo, el actual fenómeno maya no ha tenido una repercusión intensa en la vida real. Elio Masferrer, presidente de la Asociación Latinoamericana para el Estudio de las Religiones, considera que la paranoia apocalíptica fue mayor en el reciente cambio de milenio, cuando entre otras cosas se anunciaba un fatídico colapso de las telecomunicaciones. “Aquello fue impresionante. Me paraban los vecinos por la calle y me preguntaba si de verdad se iba a acabar el mundo”. Ignacio Padilla coincide en que este ha sido “un apocalipsis más bien descafeinado”. Él afirma que actualmente las perspectivas de un cataclismo “tienen más de deseo que de temor”. Desde su punto de vista, el siglo XXI, desprovisto de los grandes relatos del pasado, el bien contra el mal, el comunismo contra el capitalismo, las bombas atómicas de Estados Unidos contra las soviéticas, nos deja sin argumentos para justificar la posibilidad del colapso. “A la humanidad le queda solo el goce descarnado de la fantasía crepuscular, el deleite masoquista de la hecatombe como espectáculo”.
Los brotes de pánico ante la llegada del decimotercer b’aktun maya han sido puntuales y debidamente registrados por los medios. El diarioPravda, fundado por Lenin en 1912, contó en noviembre —en un artículo titulado con mesura El mundo se prepara para el día del juicio final— que en Rusia se esperaba un aluvión de matrimonios para el día 21. En la ciudad rusa de Novokuznetsk, según el diario británico Daily Telegraph, se ha dado entre los ciudadanos un súbito aprovisionamiento de sal. El propio primer ministro ruso, Dimitri Medvédev, ha considerado oportuno dirigirse a la opinión pública para disipar temores. “Yo no creo en el fin del mundo”, ha sentenciado. “Al menos, no en este año”.
La prensa también afirma que en Estados Unidos han aumentado las ventas de búnkeres. El Grupo Vivos ofrece lujosos silos subterráneos con cabida para 1.000 personas en los que se cuenta hasta con clínica dental. En China la preocupación ha motivado que en la provincia de Sichuán se multiplique la venta de velas para tener con qué combatir la oscuridad que extenderá el fin del mundo sobre la faz de la Tierra. Los chinos, además, lideran la estadística del miedo. Según una encuesta realizada en marzo por Ipsos para la agencia Reuters, a la que respondieron unas 16.000 personas de 21 países distintos, uno de cada diez encuestados por todo el globo dio crédito a la suposición del fin del mundo maya, cifra que alcanzó su cima en el país asiático, en el que respaldó esa posibilidad un 20%.

“Esta idea occidental está alimentada por neuras de hoy”, dice un investigador
En México, el acabose maya ha invitado al “turismo de la catástrofe”, en palabras del escritor Juan Villoro.Según los datos que se han conocido hasta ahora, el repunte de las visitas nacionales y extranjeras a la zona maya mexicana ha sido moderado. Los datos proporcionados a este diario por el Gobierno del sureño Estado de Yucatán, cuna de la civilización maya, indican que entre noviembre y diciembre llegarán a este lugar unos 250.000 turistas “con pernocta” y que desde enero hasta noviembre el tráfico de curiosos por las zonas arqueológicas de la zona ha sido un 9,3% mayor que en 2011. Pero el imán turístico maya es el vecino Estado de Quintana Roo, donde se encuentra Cancún. Basta telefonear a un hotel para que a uno le pongan los dientes largos con un paquete completo con “desayuno, comida, cena, bebidas alcohólicas nacionales e internacionales y snacks” y que luego se lleve el chasco de que no queden habitaciones libres para la madrugada del 22 de diciembre. La Asociación de Hoteles de Cancún ya se ha congratulado de un aumento de la ocupación del 9% con respecto al año pasado.


Un sacerdote maya bendice un matrimonio, ayer en Mérida (México). / L. P. (AFP)
En cuanto al enfoque público de los fastos mayas, cabe mencionar que en el epicentro del fenómeno, Yucatán, las autoridades no han agitado el remolino catastrofista. En una entrevista en la Ciudad de México con este diario, el antropólogo yucateco Iván Franco, miembro del Instituto Nacional de Antropología e Historia, afirmó que el Gobierno de su región le ha dado “un contenido respetuoso” a la fecha del decimotercerb’aktun. Franco reconoce que las instituciones públicas han explicado correctamente que se trata solo del cambio de una era, y no de un final cósmico, aunque lamenta que, por lo general, la política cultural del Estado prima un enfoque de “exaltación de lo maya vinculado al turismo, más que a factores educativos como la enseñanza local de la lengua o como el autoconocimiento histórico”. Según sus observaciones, en este Estado de 1.900.000 habitantes en el que el 51% de la población es de etnia maya, los indígenas siguen siendo discriminados por su forma de vestir, por su aspecto “bajo, bronceado, de nariz un poco aguileña y de cara redonda”, y por su lengua nativa, que entremezclan como buenamente pueden con el español.

En EE UU crece la venta de búnkeres y en México, el turismo de catástrofre
Iván Franco explica que los mayas han sufrido el empobrecimiento del campo por las reformas agrarias, que según su versión han pasado en muchos casos de una forma de propiedad comunitaria a otra privada, y que este factor, sumado a su crecimiento demográfico, los ha movido a la emigración a Estados Unidos o a los centros hoteleros de la Riviera Maya. Se calcula que en California hay unos 120.000 yucatecos, el 80% de origen maya, de acuerdo con datos de la delegada en Yucatán de la Comisión Nacional para el Desarrollo de los Pueblos Indígenas, Diana Canto. En San Francisco incluso hay una calle llamada Mission Streetque recibe el apodo de Mayatown. Desde su cargo oficial, Diana Canto corrobora la realidad del empobrecimiento del pueblo maya, su degradación lingüística y su progresiva desconexión de sus raíces, mayor en zonas urbanas que en el campo, según matiza.
Los mayas del siglo XXI viven más pendientes de superar el día a día que del movimiento de los astros, y en ocasiones la ignorancia de sus raíces los puede llevar a escenas tragicómicas. Armando Escalante, antiguo reportero del Diario de Yucatán, cuenta por teléfono una anécdota reciente que le ocurrió a su hermana con una empleada doméstica de origen maya. La trabajadora, escamada por el continuo runrún en la radio y en la tele sobre las profecías del fin del mundo, le preguntó a su jefa: “Señora, ¿y esos mayas existen?”. El escritor Juan Villoro, que ha recorrido en 2012 diversas zonas arqueológicas mexicanas para realizar un documental de televisión, confirma igualmente el estado declinante de esta etnia. “Los mayas viven en una pobreza lamentable”, opina en una entrevista por correo electrónico. “Y además de vivir en la miseria, han perdido el contacto con la cultura de sus ancestros”. En un artículo previo publicado en el diario mexicano Reforma, Juan Villoro, de madre criolla yucateca, se burlaba de los miedos al fin del mundo y llevaba la cuestión del velo del espectáculo mediático al tuétano de la marginación social y cultural. “El auténtico desafío no es el fin de la Tierra sino de una cultura. Quienes aún hablan maya viven un apocalipsis cotidiano. Venerados como piezas de museo, carecen de presente. El apocalipsis no es lo que puede ocurrir, sino lo que debe terminar”.