jueves, 7 de febrero de 2013

En estos días de decepción será mejor soñar con ir de la mano del carnaval a la luna.

Rumba de la Luna, Antonio Martín, el ritmo del tanguai.


http://www.youtube.com/watch?v=LKcQIFlXdq0

miércoles, 6 de febrero de 2013

Los Universitarios tienen tres salidas laborales.

Parece que lo normal en España es que los universitarios tengamos tres salidas profesionales preferentemente, al margen de un puñado de privilegiados, estas son los tres horizontes.

Desempleo. Un gran número de las personas que han cursado algún estudio universitario está desempleado en estos momentos. Son mayores los casos de quienes estudiaron carreras relacionadas con las Humanidades.

Reducción de Curriculum. Otros muchos están percibiendo un salario menor al que le corresponde por formación o experiencia. Esto se fundamenta en que el empresario aplica una reducción automática, pagando el mínimo a personas que tienen otras formaciones, como pueden ser másters o doctorados, con el obvio consentimiento del trabajador en cuestión. El segundo caso es de personas que deciden buscar trabajos que requieren menor cualificación, como puede ser el de camarero, por lo que es una opción personal, o bien, lo reducen para acceder con mayor facilidad a un trabajo concreto, es decir para poder competir mejor con otros aspirantes, ya que muchos empleadores prefieren tener que pagar menos a tener gente más cualificada para desempeñar cierto trabajo.

Emigrar. Otros muchos se ven en la obligación de emigrar, por dos motivos, el primero es por no encontrar trabajo, por lo que recurren a la segunda opción pero en el extranjero, aunque en este caso obligados por un nivel bajo en el idioma en cuestión. El segundo grupo busca un reconocimiento laboral acorde a su formación y experiencia, ya que en numerosos países se aprecian realmente los posgrados y doctorados.




La realidad es cruel con los mejor formados, degradándolos o no contando con ellos. En un país en el que la capacidad de sus trabajadores no se mide correctamente, es difícil que la productividad y la competencia lleguen a ser algún día buenas. Si no se dan oportunidades qué hacer con ellos (estamos en el grupo de cabeza en formación universitaria)

MCA.

el país tiene una tasa de paro de titulados universitarios del 9,4%, porcentaje que supone más de la media europea, situada en el 4,8%, según datos de la Fundación Conocimiento y Desarrollo (CYD) correspondientes al período comprendido entre los años 2007 y 2009. 





Artículo de opinión de la revista Eco Republicano, da que pensar.


La monarquía actual es ilegal


La mayoría de los países que durante su historia han sufrido crímenes de lesa humanidad, han condenado y ajusticiado a los responsables de las dictaduras militares o regímenes autoritarios que los provocaron. Estos son los casos recientes de Argentina y Chile, donde se han perseguido a los responsables de la dictadura del general Videla y Augusto Pinochet respectivamente. De la misma forma en Alemania, la apología al nazismo esta prohibida y perseguida por Ley.

Para nuestra vergüenza internacional, esto no ha sucedido en España. La dictadura franquista no ha sido declarada ilegal; los responsables de los crímenes han vivido impunemente y para mayor escarnio el dictador antes de morir en la cama, nombró como sucesor y heredero de su legado al rey Juan Carlos I.

Antes profundizar en la legalidad de la monarquía actual, vamos a recodar algunas consideraciones que en nuestra opinión son ineludibles.

El gobierno de la Segunda República fue emanado del pueblo en elecciones de 12 de abril de 1931. El rey Alfonso XIII tras conocer la victoria de los partidos republicanos abandona el país. No lo hizo como se ha escrito en la mayoría de los libros de historia “por su amor a España y para salvar al país de una guerra civil”. La realidad, fue que el rey tuvo miedo de correr la misma suerte que el zar Nicolás segundo. El rey huyó despavorido, dejando atrás incluso a su mujer quién tomo otro camino, ya que el rey partió de Cartagena en un barco rumbo a Marsella y el resto de la familia marchó en tren a Francia. Por otra parte, es importante conocer que el monarca salió de España con el equivalente a 48 millones de eurosdepositados en bancos de Paris y Londres.

Una vez establecido el gobierno de la Segunda República, por una Ley del 26 de noviembre de 1931 aprobada en las Cortes, acusaría al Rey Alfonso XIII de alta traición. Como dijo el ilustre Valle Inclán: “Los españoles han echado al último de los borbones, no por rey sino por ladrón”. El monarca fue degradado de todas sus dignidades, derechos y títulos, los cuales no podría ostentar ni dentro ni fuera de España; además no podría reivindicarlos jamás ni para él ni para sus sucesores. De la misma forma, se le incautan todos sus bienes, derechos y acciones de su propiedad que se encuentren en territorio nacional.

Esta ley sería derogada por otra de 15 de diciembre de 1938 firmada por el general golpista Francisco Franco, quien se había levantado en armas contra el gobierno legítimo de la república. En este sentido, la monarquía actual está concebida bajo un régimen ilegal.

Al comenzar la Guerra Civil Española, Alfonso XIII apoyó fervientemente al bando golpista, afirmando ser un “falangista de primera hora”, donando un millón de pesetas a la causa franquista. Su hijo Juan de Borbón (padre del actual monarca), el 1 de agosto de 1936 cruzó la frontera con intención de unirse a los golpistas, pero estos lo rechazaron. Posteriormente el 28 de febrero de 1941, Alfonso XIII moría en Roma, cediendo los derechos dinásticos a su hijo Juan de Borbón.

Una vez aferrada la dictadura franquista en el poder, Franco aprobaría el 26 de julio de 1947 la Ley de Sucesión en la Jefatura de Estado, por la cual: “La Jefatura de Estado corresponde al Caudillo de España y de la Cruzada, Generalísimo de los ejércitos, don Francisco Franco Bahamonde”. Con todo ello, Franco se aseguraba que España era una monarquía, pero que sería gobernada por Franco hasta su muerte o incapacidad, y que Franco tenía derecho a nombrar sucesor, prescindiendo de cualquier otra legitimidad dinástica, en alguien que fuese un varón de al menos treinta años, católico y que aceptase en su integridad las leyes fundamentales del régimen y del Movimiento franquista.

España se constituía en un reino, sin rey. Por la Ley de Sucesión, Franco tendría el poder para elegir su heredero cuando lo considerase conveniente. Esta situación, irritaría a Juan de Borbón, hijo de Alfonso XIII que aspiraba a la Corona de España, el cual rompería temporalmente las relaciones con el régimen franquista.

Posteriormente las relaciones entre Franco y Juan de Borbón se reanudaron, llegando a al acuerdo de que el infante Juan Carlos de Borbón, podría educarse en España a partir de 1948. De esta forma, Franco podría moldear al presunto heredero y educarle en los valores de los principios del Movimiento, institucionalizando y consolidando el régimen franquista.

Los borbones que habían vivido plácidamente en Estoril, poco a poco se fueron se acercando a España. El 12 de diciembre de 1959, el príncipe Juan Carlos de Borbón tras una minuciosa instrucción militar, juraba la bandera del régimen franquista en Zaragoza.

El 22 de julio de 1969, el joven príncipe juraría las Leyes fundamentales del reino y del Movimiento Nacional, es decir el ideario franquista. Desde ese momento, Juan Carlos I sería el sucesor designado por Franco para la Jefatura del Estado y asumió interinamente este cargo desde el 19 de julio al 2 de septiembre de 1974 y del 30 de octubre al 20 de noviembre de 1975 por enfermedad de Franco.

Las relaciones entre la familia Franco y los borbones se tornaron afables y cordiales. El príncipe, junto a la familia Franco, acudieron en numerosas ocasiones a homenajes con motivo del 18 de julio, que festejaba el alzamiento militar contra el gobierno de la República y a los caídos por Dios y por España.

Al anunciarse la muerte del dictador Franco, el 20 de noviembre de 1975, el príncipe Juan Carlos juró acatar los Principios del Movimiento Nacional, destinados a perpetuar el franquismo. Una vez rey, Juan Carlos ensalzó la figura de su progenitor, dando honores de Jefe de Estado al dictador Franco y declarando luto nacional.

Posteriormente llegaría el periodo denominado como La Transición que daba continuidad al franquismo y  que constituía una nueva traición a la verdadera democracia de 1931, emanada en el gobierno la Segunda República.

La monarquía española y los modelos monárquicos son ilegales a la luz del derecho constitucional y del derecho internacional. En la Declaración Universal de los Derechos Humanos, en el artículo 1 dice: todos los seres humanos nacen libres e iguales en dignidad y derechos y dotados como están de razón y consciencia deben comportarse fraternalmente los unos con los otros. En el artículo 2, en su apartado primero dice así: toda persona tiene todos los derechos y libertades proclamados en esta declaración, sin distinción alguna de raza, color, sexo, idioma, religión, opinión política o de cualquier otra índole u origen nacional o social, posición económica, NACIMIENTO o cualquier otra condición.

Con la Declaración Universal de Derechos Humanos, la monarquía es ilegal. Ya que incumple los artículos claves que garantizan la igualdad de la ciudadanía en derechos y en el acceso a los cargos públicos. NO SE PUEDE NACER CON LA JEFATURA DEL ESTADO BAJO EL BRAZO. Pero por si esto fuera poco, tal y como hemos visto en este artículo, la monarquía actual está concebida bajo un régimen ilegal, incoherente e inmoral, porque a todas luces nace de un régimen golpista y de carácter ilegítimo.


A lo que hay que añadir que no fue votado en las urnas como algunos creen, su figura fue disfrazada, ocultada tras el parapeto de la constitución.

MCA




Una de las voces que como es mi caso se hace eco de la putrefacción sistémica que sufre España es Julio Anguita, exsecretario de IU. Aunque no es el único, ni ésta idea es exclusiva de la izquierda. Ahí os dejo la noticia.


Anguita pide a los españoles que se rebelen y pongan fin al actual sistema democrático

Julio Anguita, excoordinador federal de IU, exsecretario general del PCE e impulsor del Frente Cívico Somos Mayoría, hizo hoy un “llamamiento a lo Ghandi” para que los españoles se rebelen pacíficamente en las calles y pongan fin al actual sistema democrático, minado sistémicamente por la corrupción.

En declaraciones a Servimedia, Julio Anguita manifestó que pedir la dimisión del presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, tanto por el escándalo del “caso Bárcenas” y que se convoquen nuevas elecciones no va a servir de nada si antes no hay una “movilización popular”.

A su juicio, es la transición de 1975 “lo que ha traído esto” a España, que necesita una “ruptura democrática”, dejar atrás el actual modelo por estar agotado y enfermo de una corrupción sistémica que afecta a los tres poderes del Estado.

Para Julio Anguita, celebrar nuevas elecciones ahora, sin una movilización popular que lleve a la reflexión sobre el cambio de sistema, es “desviar la atención” sobre el problema de fondo, y es que “hoy España no es un Estado de derecho” y que la Constitución “está siendo violada” una y otra vez.

Para este exdirigente de IU, sólo con la fuerza del pueblo unido en las calles podrá haber un cambio en el sistema y exigir que la justicia se cumpla y dar paso, “poco a poco”, a la III República Española.

En la página de Frente Cívico Somos Mayoría en la red social Facebook, Anguita explica que quiere una “reforma democrática basada en proyectos que estén dentro de la ley y que se impongan democráticamente”. “Hoy, cumplir la constitución es revolucionario”, añade.

En su página web (http://www.frentecivicosomosmayoria.es) este movimiento señala que “España está instalada en un estado de decepción, en lo económico, lo social, lo político y lo moral”. “No vivimos en la normalidad de una sociedad sana”, afirma.

Además, afirma que “la ciudadanía organizada es un poder” que “puede ganar”. Para este movimiento, “una mayoría ciudadana organizada en torno a soluciones concretas es capaz de crear la fuerza necesaria para colocarla en la balanza del poder en contraposición a otros poderes económicos, y sociales que siendo muy minoritarios, detentan en exclusiva el ejercicio del Poder.

martes, 5 de febrero de 2013

Tú y yo...también somos complices de Barcenas.

Hace unos días me preguntaba qué era la democracia, no hallé respuesta. Tal vez porque como miles de conciudadanos no creemos en la honestidad de nuestros políticos. Nadie está seguro de que en su ayuntamiento, diputación, comunidad o desde el estado alguien esté ROBANDO con mayúsculas al pueblo. Pues no sólo roba dinero, sino la razón de ser de este sistema. Un sistema que se basa en la confianza de los ciudadanos en otros ciudadanos, en los que deposita la dura y estricta labor de realizar una gestión que tiene como objetivo el bien común. Este objetivo más que nos pese a los demócratas convencidos no se ha cumplido. El sistema está en crisis, no es que como todos sabemos haya una crisis económica, sino que el sistema en sí mismo también lo está. Y es así porque ya no podemos creer en él. Necesita de una gran reforma, que debería ir desde lo más profundo y eso incluye al ciudadano. Debemos cambiar nuestra mentalidad y creer que es nuestra obligación participar en la gestión de nuestros destinos, debe haber una implicación política, que no debe ir forzosamente de la mano de ningún partido, puesto que nos preocupe la política no quiere decir que seamos partidistas, yo al menos creo que no lo soy. No creo en las mega-formaciones políticas, creo en la diversidad de pensamiento, no existe una verdad absoluta a la que podamos adherirnos sin miramientos, ya en el anterior artículo hablé de secta, y es lo que me parecen muchos de los afiliados a los partidos, incapaces de hacer crítica sobre ellos mismos y no sólo sobre otros partidos. El ciudadano a través de la movilización pacifica y constante debe exigir una fuerte reforma y comprometerse, a su vez, a ser partícipe directo de la democracia, no vale, "ir cada uno a lo suyo" o "yo lo que quiero es mi casita, mi trabajo y ya está" esa es una actitud pasiva desconcertante. El culpable de los ERES irregulares, la trama Gürtel, el caso Barcenas...etc no es otro que el ciudadano, que no ha sido activo, con una ciudadanía activa, Rajoy, Rubalcaba, Blanco, Barcenas y compañía estarían ya entre rejas, pero estimo que nuestra pasividad ha sido complice.



Pero la crisis es más profunda que la que atañe a lo político, incluye lo jurídico, lo educacional y finalmente es una crisis de valores. En este país quien no se aprovecha de su estatus o su posición parece "tonto", cuando necesariamente debe ser al contrario algo reprochable. Son los niños los que deben aprender, porque sus familias, amigos y educadores así se lo inculquen, que el trabajo es algo por que hay que luchar, un trabajo digno y bien ejecutado, y exigir lo mismo a todos, desde el político, al funcionario o al pescador. Debe entender la tolerancia y tener por objeto en la vida aprender cada día algo nuevo. Deben de ser enseñados para pensar, no para memorizar. Ese es el problema de este país, no hay una masa suficientemente crítica y activa, como para ejecutar judicialmente a todo aquél que va en contra de la libertad, la honradez, la justicia y el bien común, incluyendo a los menos. De lo contrario tú y yo seremos complices de Barcenas.




martes, 22 de enero de 2013


Democracia de calidad frente a la crisis


 [El País] Victoria Camps / Adela Cortina / José Luis García Delgado. Un gran número de españoles está viviendo la crisis actual como un auténtico fracaso del país en su conjunto. Hace ya más de tres décadas emprendimos una transición política y social que, con sus luces y sombras, como todo en este mundo, se ha convertido en una auténtica referencia para algunos países deseosos de dar el paso de la dictadura a la democracia. El poder político pasó paulatinamente de un partido de centro a partidos de centro-izquierda y centro-derecha, sin más ruido de sables que el del 23-F y sin más mecanismo que el de instituciones políticas y elecciones libres y bien reguladas. Se transformaron las infraestructuras, se modernizaron los medios de comunicación, aumentó el número de estudiantes universitarios, ingresamos en la Unión Europea, construimos un razonable Estado de justicia,creímos haber alcanzado la velocidad de crucero propia de países democráticos, no solo en política y economía, sino también, y sobre todo, en cultura. La disposición al diálogo, el espíritu abierto y tolerante parecían haber sustituido los viejos estilos de vida en una sociedad pluralista.
Pero en 2007 estalló en el nivel global y local esa crisis que había venido gestándose, una crisis que parece ser sobre todo económico-financiera y política, y descubrimos que el rey estaba en buena parte desnudo. Que, por desgracia, nos queda mucho camino por andar.
Para recorrer con bien ese camino importa preguntar qué nos ha pasado, qué ha fallado, y un punto esencial es que no se trata solo de una crisis económica y política, sino también de una crisis ética, que pone de manifiesto las carencias de espíritu cívico. En los últimos años, nos ha faltado un marco ético efectivo, capaz de estimular la responsabilidad social y un buen uso de la libertad.
Con el deseo de aportar algunas sugerencias para la elaboración de ese marco, el Círculo Cívico de Opinión dedica el sexto de los Documentos que ha publicado al tema Democracia de calidad: valores cívicos frente a la crisis, y en él apunta a modo de ejemplo medidas como las siguientes:
Perseguir un bien común. En una democracia que es, a su vez, un Estado de derecho, es preciso perseguir un bien común que amplíe el horizonte de los intereses individuales como los únicos fines de la actividad económica y política. Por legítimos que sean los intereses privados, las instituciones y los ciudadanos se deben también a unos intereses comunes.
La equidad como fin. Sostener la equidad y mejorarla debería ser el principio irrenunciable de un Estado de derecho. En muy poco tiempo, España consiguió poner en pie un Estado de bienestar homologable con el resto de los países de nuestro entorno. Pero el modelo es frágil y no podrá sostenerse si no va acompañado de la voluntad de preservarlo por encima de todo. Hay que repensar el modelo con serenidad y con voluntad de conseguir acuerdos lo más amplios posibles.
Debe cambiar el orden de los valores. Los años de bonanza económica pasados han propiciado una cultura de la irresponsabilidad y del dinero fácil, que ha traído consigo corrupción, evasión de impuestos y un consumismo voraz. Si algo puede enseñar la crisis es que debe cambiar la jerarquía de valores transformando las formas de vida, entendiendo que el bienestar no se nutre solo de bienes materiales y consumibles. Formas de vida que fortalezcan cultural y espiritualmente al individuo y a la sociedad con valores como la solidaridad, la cooperación, la pasión por el saber, el autodominio, la austeridad, la previsión o el trabajo bien hecho.
Decir la verdad. La costumbre de ocultar la verdad por parte de políticos y controladores de la economía de distintos niveles ha sido responsable de la crisis en buena medida. Pero esa costumbre se ha extendido también entre intelectuales y otros agentes de la vida pública, plegados a lo políticamente correcto, sea de un signo o de otro. Entre la incompetencia y la ocultación saber qué pasa y anticipar con probabilidad qué puede pasar es imposible para la gente de a pie.
Cultura de la ejemplaridad. Los protagonistas visibles de la vida pública tienen un deber de ejemplaridad, coherente con los valores que dan sentido a las sociedades democráticas. La corrupción, la malversación de bienes públicos, el despilfarro, el desinterés por el sufrimiento de quienes padecen las consecuencias de la crisis, la asignación de sueldos, indemnizaciones y retiros desmesurados producen indignación en ocasiones, pero también modelos que se van copiando con resultados desastrosos.
Rechazar lo inadmisible. Para que una sociedad funcione bien es necesario que las leyes sean claras y que se apliquen, pero también que la ciudadanía rechace las conductas inaceptables. Es verdad que hay que ir con mucho cuidado con eso que se ha llamado la “vergüenza social” y que es una de las formas que tiene una sociedad para desactivar actuaciones que considera reprobables. Esa vergüenza ha causado tanto daño y es tan manipulable, la utilizan tan a menudo unos grupos para desacreditar a otros, que solo puede recurrirse a ella como una cultura, vivida por todos los grupos sociales, de que determinadas conductas no pueden darse por buenas.
Potenciar el esfuerzo. Lo que vale cuesta. Dar a entender que se pueden alcanzar las metas vitales sin trabajo alguno es engañar, condenar a las gentes a ser carne de fracaso y destruir un país. Aprender, por el contrario, que esfuerzo y ocio son dos caras del buen vivir, que ayudan a construir un buen presente y un buen futuro.
Superar la partidización de la vida pública. La partidización de la vida pública es uno de los lastres de nuestra política, que impide agregar voluntades para encontrar salidas efectivas y consensuadas a los problemas que nos agobian. Cuando ante cada uno de los problemas públicos la sociedad se divide siguiendo los argumentarios de los partidos políticos se destruyen la cohesión social y la amistad cívica indispensables para llevar una sociedad adelante.
El sentido de la profesionalidad. La profesionalidad, en todos sus ámbitos de ejercicio, es un valor que no debe medirse solo por la eficiencia y la competencia científica y técnica, siendo ambos valores altamente encomiables. Ser un buen profesional significa incorporar también ideales que hagan de las distintas profesiones un servicio a la sociedad y al interés común. Es buena la gestión estimulada no solo por la obtención de beneficios materiales, sino por un espíritu cívico y de servicio.
Promover la educación. El mejor instrumento de que disponemos para conseguir una sociedad mejor y cambiar el orden de los valores es la educación, entendida como formación de la personalidad y como una tarea de la sociedad en su conjunto. El ideal de autenticidad debe poder conjugarse con los valores propios de la vida democrática.
Recuperar el prestigio. Ni las instituciones ni las personas que ostentan los cargos de mayor responsabilidad han sabido ganarse la reputación y el prestigio imprescindibles para merecer confianza y credibilidad por parte de la ciudadanía. Además del déficit notable de ideas para gestionar y resolver la crisis, se echa de menos un liderazgo compartido por el conjunto de grupos políticos, que actúe con valentía y con prudencia, que corrija los despilfarros de otros tiempos, que sepa discernir la gravedad de cada problema y que tenga visión de futuro y no atienda únicamente al corto plazo.
Construir un marco de valores comunes. Es urgente construir un suelo de valores compartidos, fortalecer los recursos morales que surgen de las buenas prácticas porque solo así se generará confianza. Pero también crear espacios de deliberación que hagan posible construir pueblo, y no masa, que fortalezcan la intersubjetividad y no se disgreguen en la suma de subjetividades. Generar pueblo y sociedad civil tanto en España como en Europa, donde somos y donde queremos estar, es uno de los retos, porque tal vez sea esta una de las claves del fracaso de Europa: no haber intentado reforzar la conciencia de ciudadanía europea, la Europa de los ciudadanos, esa pieza que resulta indispensable para que sean posibles tanto la Europa económica como la política.
Victoria Camps, Adela Cortina y José Luis García Delgado, en representación del Círculo Cívico de Opinión.

Democracia.

Para cuándo queda levantar la mano.

Era un niño cuando mi profesora de Historia se paraba con detalle a explicar una forma de entender el ente político, una forma que buscaba la voz de los menos, la voz de los reprimidos por la sociedad. Era además un modelo de representación directa, donde los representantes eran elegidos y podían perder su condición de igual modo. Aquella forma de ver la realidad era antiquísima y estaba casi olvidada salvo por eruditos que durante milenios la habían conservado. Resultaba raro para aquél niño entender que esa forma tan hermosa de cultura política hubiera estado tantos años encerrada en alguna estantería polvorienta de algún convento o universidad. Después de aquel día que nos hablaron de la legislatura popular, de la voz del pueblo, dedicamos el curso completo a entender las miserias que los sucesivos reyes, señores feudales y dictadores hicieron pasar a sus respectivos pueblos. Las miserias del hambre, la sed, el frío o la enfermedad, pero también las que tienen que ver con aquello que de algún modo nos hace diferentes a otros seres vivos, nuestra inteligencia y razón social. Nuestros antepasados eran denigrados, violados, encerrados, maltratados y obligados a encerrarse en un mundo oscuro, donde la única vía de escape era pasar a la otra acera, y como el poderoso de turno ser vil, cobarde, malvado, cruel, ambicioso y sin escrúpulos. Maquiavelo enseñaba a ser un príncipe de aquellos, a atemorizar a la población, a ser rebuscado y no mirar atrás. Yo en clase miraba por la ventana y me imaginaba en aquella época, trabajando de sol a sol por poco más que la miseria de poder seguir viviendo, engañado por la fantasía de tener algún día una vida mejor, aunque fuera tras la muerte. Engañado por la imagen de reyes misericordiosos o por la grandeza de un reino, creyendo que era parte del mismo. Nos contaban las alianzas entre coronas para tomar fuerza. Había reyes que ni tan siquiera conocían el idioma, Carlos III, por ejemplo, y que los gobernantes estaban tan alejados del pueblo que no conocían ni siquiera las miserias en muchos casos. Entonces la gente se agarraba a los pregones más o menos organizados y orquestados que la iglesia hacía para evadirse de ése su maldito mundo y volar con la imaginación y según algunos la fe a otro lugar. Se atrevían a hacer cruzadas y matar moros, moriscos, judíos, indígenas y todo aquel que se presentara sin un cruz. Era también poderosa aquella institución, gobernaban la necesidad que tenemos de ser felices (además del poder en la misma tierra). 

Al final del curso hicieron un inciso en aquella primera clase que tuvimos para explicar que España era un Monarquía Parlamentaria, que pertenecía a la Unión Europea que estaba bajo un sistema económico llamado Capitalismo, que era laica y que estábamos en democracia.

Yo que era un niño me lo creí a pies juntillas, no tenía dudas y no se me ocurrió preguntar. Hoy no entiendo todo esto de la transición ejemplar. Para ver si me aclaraba un poco me dije, voy a ir por partes y busqué democracia en el diccionario y dice tal que así "Predominio del pueblo en el gobierno político de un Estado" , o bien, "Doctrina política favorable a la intervención del pueblo en el gobierno". Pero resulta ser que hay un rey no electo, que según donde vivas tu voz tiene más o menos peso porque existe una ley que llaman electoral que intenta salvaguardar la democracia, pero otorga de base más poder a unos que a otros, que casi no hay elección entre los representantes porque siempre gobiernan los mismos partidos, o lea se sectas políticas, y que encima no puedes elegirlos directamente porque aparecen en algo que llaman listas cerradas. Además el gobierno reprime a los menos, a los que no creen en un cierto dios, ya que les da privilegios y enseñan sus creencias a costa del impuesto de todos. Impuestos que se utilizan en el mayor de los casos sin estar claros sus destinos, amén de que no es posible que el miserable ciudadano de a pie pueda decir nada o decirlo mediante miles de trabas burocráticas y plazos. Además esos señores eligen su sueldo, sus vasallos o como los llaman ahora asesores y hasta sus caballos, quiero decir coches.
Y resulta que somos parte de una Unión que es gobernada por no sé que mercados y que no importan las leyes porque hay que satisfacerlos, saltándose si es preciso lo que al pueblo dejaron elegir y que no importa que el ciudadano viva para trabajar, para consumir y poder llegar al estado del Bienestar, o al paraíso celestial como quieran llamarlo.

Yo no sé ustedes señores pero ahora que soy mayor creo no entiendo aquella lección de la Democracia y quizás sea hora de levantar la mano y preguntar si al coger aquel libro no se equivocaron de cajón.


MCA.